La fuerza de Rey, por Espacio de M

Mucho antes del Marvel, DC y PlayStation estaba el Star Wars.

La primera imagen mental que tengo de La Guerra de las Galaxias es la portada del VHS de “The Empire Strikes Back”. Se trataba de un casco de un trooper en tres cuartos de la imagen, acompañados de varios AT-AT´s disparando hacia los minúsculos rebeldes. Cuando visitaba a mi papá en Estados Unidos, le suplicaba que me llevara a la librería pública para pedir préstamo de la trilogía original (lo cual hacía incomodar a la bibliotecaria ya que otros niños pedían los mismos ejemplares). Con mi hermana, representábamos la famosa escena de la pelea final entre Darth Vader (ella, aunque no sé por qué) y Luke (yo). Luego le pedía a mi mamá que manejara para poder ser su copiloto en el X-Wing e ingresar al hiperespacio.

El merchandising era infinito. No coleccionaba muchas figuras de acción, pero sí los sables láser. Los tenía todos. Conde Dooku, Luke, Yoda, etc. Sentía que eran lo más llamativo de las películas. Una especie de espada que emitía ruidos y que cuando chocaban con otro se producía una fuga de energía que todos mirábamos con atención de iglesia. Las historias ya habían concluido mucho antes de que yo naciera. Es decir, ya sabía que Anakin Skywalker era el padre de Luke, que Ben Kenobi moría y que Leia se quedaba con Han. Nunca pude sentir lo que era por primera vez estar en la sala y ver la saga con la que crecí en pantalla grande, hasta que llegó La Amenaza Fantasma.

Ver Episodio I fue bastante raro. Se perdía el tono de la saga original. Las peleas eran más rápidas. Darth Maul fue un sith vencido de manera muy fácil (pero cuya historia en Clone Wars y Rebels es increíble). Jar Jar Binks. Pero aun así no se me quitaba las ganas de sentarme en aquella nave amarilla de Ani y vencer a los separatistas junto a R2. Episodio II: los clones, Conde Dooku, la primera aparición de la Estrella de la Muerte, la espectacular batalla de Geonosis. Episodio III: literal habré escuchado la canción de Obi-Wan vs Anakin unas dos mil veces, tanto así que me compre la versión pirata del soundtrack (no había mucho presupuesto). Y ya todo había terminado. La historia que tenía que contarse, lo hizo. Seis largos capítulos que cerraban toda mi infancia y mi adolescencia. Claro, que se expandían con Clone Wars, Rebels, cómics y demás, pero ya no era lo mismo. Una era había terminado.

Disney reventó la bomba que habían adquirido los derechos de Star Wars e invadió las redes sociales. Iban a continuar la saga Skywalker. Muchos con duda, otros con mucha expectativa. Lo único que quería era ver de nuevo a la triada: Luke, Leia y Han. Los nombres Poe,Rey y Kylo me eran extraños. No entendía su propósito en la nueva saga. El Espacio (mi blog) ya había sido creado y con toda la emoción de ver un nuevo estreno luego de una larga espera, me fui a ver la activación de Star Wars Perú  en Larcomar. Antes de ello, me fui a La Molina y alquilé un traje Jedi porque  quería ser parte de esta gran celebración galáctica. Aun no sabiendo cómo se tomaba fotos o cómo usar mi nueva cámara, registre todo el evento. Quien diría que ella se encontraba ahí, la persona con la cual me enamoraría tanto, la pequeña Rey.

En How I Met Your Mother, hay un episodio en la cual la novia de Ted, Stella, nunca había visto Star Wars, con lo que Marshall alega que es virtualmente imposible. Me encontraba solo desde ya mucho tiempo y si conocía alguien, quisiera compartirle mi gusto por todo este mundo increíble que tiene muchas historias por contar. No solo la encontré, sino que Paola era la Rey de los eventos. Las primeras veces que salíamos me comentaba todo lo que pasaba en las activaciones y las mejores microscópicas que le quería hacer a su traje. Me hablaba de Padme y Anakin, sus teorías de las futuras películas respecto al origen de Rey y los props que tenía para su cosplay. Ella es la indicada. Ella es única.

Cuando empezamos nuestra relación, lo primero que tuvimos fue el reto de preparar su traje para Rogue One. Sí, ella sería Jyn Erso. Horas altas en las cuales se tomaba las medidas o había que atender detalles (que para mí eran mínimos, pero para ella era una gran diferencia). Las botas. El pantalón. El chaleco. Todos estos elementos tenían que estar en armonía para representar a la valiente Jyn que sería el primer gran milagro de la Alianza Rebelde. El día del estreno llegó y la vi feliz. Se tomaba fotos con el público asistente y saludaba a los más pequeños. Presentó una batalla contra el imponente Darth Vader y robó los planos de la Estrella de la Muerte. Mi enamorada era todo lo que me gustaba en una persona, pero más allá de gustos de ciencia ficción, sentí que había hallado la persona que siempre me haría sonreír. Y ahí estábamos, en la sala de cine viendo como Scariff era destruida junto con todos aquellos que juraban destruir al Imperio, agarrados fuertemente de la mano.

Ver Star Wars junto a mi papá, pelear con mi hermana la última batalla de Vader y pilotar el Red Five con mi mamá, son los mejores recuerdos que tengo de mi infancia. Pero esta saga me dio algo que nunca esperé y es el amor más grande que he podido sentir. Aquel en que puedo hablar horas de horas de las historias que me hicieron todo un fan de este gran universo. Paola,  mi Rey, el más grande regalo que me ha podido dar los siete episodios (próximamente ocho), eres tú. Cada teoría loca que me decías (como que Jyn era la mamá de Rey), cada detalle que me cuentas de tu traje, cada vez que nos alocamos por los nuevos muñecos que sacan, cada funko de Rey que ha sido difícil de conseguir conforme íbamos terminando la colección, ha hecho que esta saga adquiera muchísimo más valor para mí, porque gracias a ella, es que conocí al mayor amor que he podido recibir, la mayor fuerza de todas.

 

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Un comentario sobre “La fuerza de Rey, por Espacio de M

  • el 4 septiembre, 2017 a las 6:09 pm
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    Te amo infinitamente, muchas gracias por dedicarme un artículo, eres muy especial para mí, gracias por hacerme sentir estas cosas tan bonitas que no había sentido antes, gracias por quererme . Yo también lo único que quiero es hacerte sonreír siempre.

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